Además de las muestras de los estilos representativos de la arquitectura del territorio madrileño, mudéjar y renacentista, nuestra iglesia cuenta con uno de los pocos repertorios pictóricos conservados en la misma geografía. Se trata de la decoración de la cabecera y arco triunfal de acceso a ella.En el conjunto destaca la figura de un Pantocrátor que, aunque no ha llegado íntegro hasta nosotros, se perfila en el cascarón de la bóveda del hemiciclo absidal. Es la clásica Teofanía de tradición románica, donde Cristo en Majestad está rodeado del Tetramorfos.

Mayores problemas de interpretación ofrecen las escenas representadas en el paramento inferior del hemiciclo. A la izquierda se dibuja un personaje desnudo, barbado y portando sobre los hombros su propia piel, mientras que con la mano derecha sostiene una cadena, a cuyo extremo se encuentra amarrado un diablo. Se trata de San Bartolomé, uno de los doce apóstoles que evangelizó según la tradición, el Ponto y el Bósforo y sufrió martirio al ser desollado vivo; a quien acompaña la figura semivelada de un ángel.

Enfrente de él, se encuentra San Juan Bautista dentro de una iconografía plenamente tradicional, con una caña terminada en forma de cruz (prefigurando a Cristo) y un cordero (simbolizando al Buen Pastor). Sobre el dintel de una ventana, la figura de San Eustaquio mártir del siglo II, acompañado del ciervo crucífero, en el momento de su conversión. Según la leyenda, este oficial del emperador Adriano (llamado Plácido antes de su conversión) se convirtió al cristianismo al aparecérsele la imagen de Cristo crucificado entre las astas del ciervo que perseguía durante una cacería.

En el lado septentrional, un martirio de san Sebastián, oficial de la guardia palatina de Diocleciano, delatado como cristiano fue asaetado, imagen que se representa en este lugar. Escapó con vida del tormento y una vez curado se presentó al emperador para pedirle cuentas por su conducta para con los cristianos siendo entonces azotado hasta morir, es representado desnudo, joven e imberbe, con las manos atadas al tronco de un árbol que tienes detrás y aceptando con valor su suerte, en el momento de ser asaetado. Finalmente, en la jamba izquierda del arco de acceso al presbiterio, se perfila la figura de Adán en el paraíso, en un escenario que nos sitúa ya en pleno siglo XV. Seguramente esta figura de Adán estaba enfrentada a otra de Eva, no conservada, en la jamba opuesta del arco

Dentro del cuerpo de nuestra iglesia encontramos dos pinturas murales enmarcadas por un elemento que simula una estructura arquitectónica, y que se corresponden con una época posterior de ejecución respecto al conjunto anteriormente comentado. En ellas se representa a San Juan en el lado del Evangelio y en el lado de la epístola aparece San Antonio Abad. El apóstol predilecto de Jesús en cuyo pecho reclino la cabeza en la última cena y que le acompaño en el calvario, escribió el cuarto evangelio y el Apocalipsis, murió muy anciano en Éfeso hacia el año cien. Esta representado vistiendo la túnica talar y el mato como los demás apóstoles. Aunque suele aparecer imberbe y joven por haber sido el más jóven de los apóstoles, en esta ocasiones es pintado barbado símbolo de su vida de anacoreta en la isla de Patmos, donde le fue revelado el Apocalipsis. Su atributo personal es una copa con la serpiente alada, símbolo del veneno que según la Leyenda Aurea hubo de tomarse para demostrar la verdad de su predicación. Se puede reconocer el pelícano en el espacio del tímpano que puede representar la piedad (al arrancarse su propia carne para alimentar a sus crías).

San Antonio Abad fundador de los monasterios de Egipto. Murió hacia el año 256 en edad centenaria. Viste hábito talar oscuro, con manto o cogulla y capuchón del mismo color, propio de los monjes antonianos. Entre sus atributos suele aparecer el báculo abacial que a veces se sustituye por un bastón terminado en forma de muleta o con una Tau griega (la cual otras veces adorna el hábito y en esta ocasión aparece bajo la imagen del santo en la ménsula dibujada). La Tau es la insignia de los comendadores de la Orden de San Antonio y de los familiares de la de san Juan. Otros atributos personales son el libro abierto un cerdito u otros animales domésticos de los que es patrón, una campanilla que cuelga del bastón, una llama en el suelo o sobre el libro.

 

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© Parroquia de San Pedro Apóstol en Camarma de Esteruelas